Mucho ha llovido desde que en 1950 Alan Turing reflexionara sobre el concepto de Inteligencia Artificial en la revista Mind. Años después, en la década de los noventa, la supercomputadora Deep Blue derrotaba al campeón mundial de ajedrez Garri Kaspárov en una partida en la que la Inteligencia Artificial se adueñó del tablero de juego anteponiéndose a la humana.

En su momento fue un hito revolucionario cuya finalidad era demostrar el desarrollo tecnológico; en la actualidad la inteligencia artificial está presente en el día a día para ayudar a construir una sociedad enriquecida tecnológicamente.

La Inteligencia Artificial en el radar empresarial

El pasado mes de octubre la Consejería de Transformación Económica, Industria, Conocimiento y Universidades de la Junta de Andalucía organizó el evento Andaluc[IA]: Estado y retos de la Inteligencia Artificial. En él veíamos cómo según el estudio realizado por Ipsos para la Comisión Europea, el 42% de las empresas utilizan actualmente al menos una tecnología de IA, mientras que el 18% tiene planes de adoptar estos procesos inteligentes en los próximos años. Unos datos modestos con los que empezar a recorrer este camino.

Partiendo del estudio anterior, Francisco Herrera —Catedrático del departamento de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial de la Universidad de Granada— ponía el foco en España para comentar que el 51% de las empresas no se plantean utilizar la inteligencia artificial. ¿Qué se lo impide? La dificultad de encontrar perfiles especializados en IA, los costes a la hora de introducir esta tecnología y los de adaptar los procesos de la empresa son los principales obstáculos con los que se encuentran antes de aterrizar las expectativas de inteligencia artificial a la realidad española.

Por otra parte, Pilar Manchón, del equipo de IA de Google, contaba que la democratización de la inteligencia artificial es fundamental para generar impacto. Desde el gigante americano desarrollan herramientas que pueden utilizarse sin conocimientos previos y con las que conseguir ventajas sociales como la detección de enfermedades y plagas, mayor eficacia del tráfico o mejor productividad agropecuaria, entre otras.

Continuando con la necesidad de talento especializado, Francisco Martín, CEO de BigML, señalaba también en una entrevista que le hicimos la importancia de la educación y las vocaciones: «Se necesitan más personas que construyan esas nuevas realidades». Una carencia que encontramos también en otros ámbitos TIC, como el de la ciberseguridad.

Con respecto a la educación, Emilia Gómez, investigadora del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, matizaba: «Vivimos en un mundo con inteligencia artificial y tenemos que conocerla desde pequeños». Durante el evento, Nuria Oliver también recordó el contexto de revolución industrial en el que nos encontramos en la actualidad:

«Vivimos en la cuarta revolución industrial y elementos como los datos, la nanotecnología y la inteligencia artificial están ligados íntimamente a esta revolución».

La reflexión de las máquinas… y su entrenamiento

La multinacional Seidor, con David Reifs al frente del área de innovación, trabaja para ofrecer servicios avanzados a sus clientes gracias a la tecnología inteligente. Mientras que la programación tradicional se basa en la obtención de resultados concretos a partir de código informático, en la inteligencia artificial entra en juego también la probabilidad.

Por lo tanto vemos cómo en este proceso se pasa de ejecutar acciones determinadas a un proceso de entrenamiento de las máquinas, con el que se definen los patrones que emplearán, dando paso así a esa inteligencia artificial.

Máquinas con anhelos humanos. Fuente: Alex Iby (Unplash)

Estos procesos que parecen sacados de las páginas de Isaac Asimov implementan en la tecnología aspectos que no se caracterizan con los de una máquina. «Intentamos plasmar en una máquina aquello rasgos atribuidos a los humanos», explica David.

En el futuro descrito en el relato de Los superjuguetes duran todo el verano, de Brian Aldiss, y en su adaptación a la gran pantalla de Steven Spielberg, un robot niño desarrolla fuertes sentimientos hacia su madre humana, algo que cada vez parece estar más cerca. Historias emotivas aparte, este desarrollo tecnológico llega para construir una sociedad que obtenga rápidas respuestas con las que agilizar procesos y ganar en calidad social.

Dionisio Millán, director de la zona sur de Seidor, nos cuenta cómo desde Andalucía se trabaja con procesos inteligentes para la distribución farmacéutica. «El uso de un chatbot que implementa la inteligencia artificial responde sobre la marcha sobre la disponibilidad de stock o la trazabilidad de un producto enviado; incluso se pueden hacer pedidos por esta vía». La aplicación se conecta vía WhatsApp y así se mantiene una conversación natural, mientras la aplicación va pidiendo al sistema la disponibilidad, algo que agiliza el proceso, especialmente importante en casos urgentes.

La obsolescencia, una programación del pasado

De la mano de una maquinaria inteligente va también el IoT, el Internet de las Cosas. Los dispositivos conectados a través de la red adquieren otro nivel cuando el mantenimiento predictivo entra en juego. Antiguamente, este se limitaba a la maquinaria industrial, conectada y monitorizada para evitar la paralización de la producción. Hoy en día el ancho de banda permite que esta tecnología llegue también a los hogares.

Imaginemos una lavadora de las de toda la vida. Una buena amiga a la que ya le tienes el punto cogido y sabes el tiempo que tardarás en hacer la colada y el programa ideal con el que no echar a perder tus prendas favoritas. Un buen (mal) día, de repente, su vida útil llega a su fin y tenemos que decirle adiós y mirar catálogos desesperados en busca de una sustituta que nos convenza.

La obsolescencia programada, que nos obligaba a reemplazar electrodomésticos y herramientas para generar más y más ventas en un mercado extremadamente competitivo, se enfrenta a unos rasgos que lejos de ser futuristas los podemos encontrar en el día a día.

 

Esta obsolescencia no se produce únicamente porque el fabricante así lo decida, sino porque las nuevas versiones de software necesitan soportes de hardware más potentes. Sin embargo, aquella que se producía para aumentar las ventas queda ahora bajo la sombra de los nuevos servicios conseguidos con tecnología inteligente.

Gracias a la inteligencia artificial, nos movemos por los escaques del tablero de juego con ventaja sobre los sistemas de trabajo rudimentarios. Anunciábamos al inicio un jaque a la obsolescencia programada, pero también al malgasto de recursos, consiguiendo así una gestión y desarrollo más eficaces. La capacidad humana no está por encima de la de las máquinas, sino alineada para encontrar juntas el camino óptimo.