Hace tiempo que un mantra va extendiéndose por el planeta: los datos son el oro del siglo XXI. Esta afirmación no hace alusión únicamente a su elevada valoración económica, sino también a su capacidad de empoderamiento en la toma de decisiones. Se podría decir pues que las ciudades, con todas sus infraestructuras, empresas, interacciones…, son auténticos depósitos petrolíferos esperando a ser explotados.

Este fenómeno es bien conocido por la mayoría de instituciones de Andalucía, habiéndose puesto en marcha en muchas de sus ciudades la instalación de sensores, la apertura de portales de datos abiertos o el desarrollo de soluciones basadas en datos. Sin embargo, hay una aplicación de gran importancia donde la explotación de datos no está tan extendida: la planificación urbana y la elaboración de políticas.

Las ciudades, con todas sus infraestructuras, empresas, interacciones…, son auténticos depósitos petrolíferos esperando a ser explotados.

Hasta ahora, debido a la escasez de datos lo suficientemente granulares y la falta de herramientas adecuadas, la toma de decisiones en estas dos disciplinas ha atendido a razonamientos basados en índices globales y planteamientos no muy a largo plazo, dando a veces a la población la sensación de tener un cariz ideológico o electoralista. No obstante, la ingente cantidad de datos disponible en las ciudades y el disruptivo avance en áreas como la inteligencia artificial o la optimización pueden ayudar a evaluar el impacto directo de las medidas y hacer que estas se tomen con una base cuasicientífica.

Singapur, que puede considerarse una de las puntas de lanza de las Smart Cities, sigue un planteamiento así desde hace muchos años en su toma de decisiones. Entre sus iniciativas se encuentran el diseño de nuevos edificios basado en la simulación de las corrientes de viento a través de la ciudad, optimizando la temperatura y humedad del ambiente, y el uso de drones e inteligencia artificial para planificar el mantenimiento de las carreteras y vías de tren. Incluso disponen de un gemelo digital de la ciudad, es decir, una copia virtual de esta.

Los datos y las técnicas existentes para explotarlos pueden contribuir enormemente a una planificación mucho más eficiente y significativa de las ciudades.

Yendo a un ejemplo práctico, se puede tomar el diseño de una nueva línea de metro. A partir de datos de tráfico, movilidad de los ciudadanos o medios de transporte usados, se podría crear una simulación de los desplazamientos diarios y entrenar un modelo basado en inteligencia artificial para determinar el medio de transporte usado en base a variables como la hora del día o la distancia origen-destino. Finalmente, se determinarían las localizaciones óptimas de las paradas de la nueva línea de metro en base a criterios definidos (coste de la construcción, fluidez del tráfico, tiempo medio de viaje...). Siguiendo este ejemplo, las posibilidades son ilimitadas.

En definitiva, los datos y las técnicas existentes para explotarlos pueden contribuir enormemente a una planificación mucho más eficiente y significativa de las ciudades. Sin embargo, y siendo de suma importancia, siempre deberá tenerse en mente en la toma de decisiones la condición humana y social que las máquinas aún no pueden captar, para no caer en una «datocracia» deshumanizada.