El impacto del COVID-19 se ha traducido en pérdidas de vidas humanas, empresas y empleos, tanto en la economía tradicional como en la emergente gig-economía y en las startups. La pandemia, como todo cisne negro, advierte de nuestra fragilidad y puede aumentar la desigualdad y el emprendimiento precario por necesidad, especialmente si se descuidan la salud pública, el sistema educativo y la cohesión social.

Si emprender es la capacidad de enfrentarse a retos difíciles y de inciertos resultados, ahora es el momento de hacerlo. Si emprender es la capacidad de utilizar los recursos disponibles, aunque sean escasos, acceder a nuevos recursos y desarrollarlos, organizarlos con imaginación y de forma metódica para generar oportunidades y explotarlas de manera productiva, ahora es el momento de utilizar y desarrollar nuestras capacidades emprendedoras.

Si emprender es la capacidad de enfrentarse a retos difíciles y de inciertos resultados, ahora es el momento de hacerlo.

Es el momento de aprender del pasado y mirar al futuro, de «el gran reinicio» como indicaba hace unos días el World Economic Forum, que volvía del revés el fin de la historia de Fukuyama y coincidía con otros estudios en la oportunidad de construir ecosistemas innovadores y emprendedores aprovechando e invirtiendo en: la recuperación económica, los retos de la cuarta revolución industrial, el desarrollo de la economía regional y local (verde y azul en Andalucía), la cooperación internacional, los nuevos modelos de negocios sostenibles y las cadenas de suministro, la recuperación de la salud medioambiental, la modernización de la sanidad y del sistema educativo, la cultura y el ocio digital y las herramientas de productividad..., todo ello en el marco de un nuevo contrato social.

En los informes recientes del Observatorio del Emprendimiento de España sobre el impacto de la pandemia por Comunidades Autónomas, los comportamientos de los emprendedores en Andalucía y medidas sugeridas son muy parecidos a los del resto de España y a los apuntados por otros informes. Las diferencias en su intensidad vienen dadas más por la estructura y las características del tejido económico y empresarial de cada región. Esas medidas están relacionados, más que con programas para emprendedores, con enfoques más holísticos (de ecosistema), con una economía más emprendedora, más colaborativa, con modelos híbridos entre lo público y lo privado, con un estado más ágil y emprendedor.

Las diferencias en el impacto de la pandemia por Comunidades Autónomas vienen dadas más por la estructura del tejido económico y empresarial de cada región.

En definitiva, es el momento del gran reinicio también en Andalucía, de apostar por una mentalidad emprendedora que con un método riguroso renueve y dinamice el tejido empresarial de la región, con talento, y orientado al emprendimiento de alto potencial (startups) que utilice todos nuestros recursos y las oportunidades de un ecosistema que se construye sobre el conocimiento (que ha demostrado ser vital para nuestras vidas), cuidando el sistema educativo, invirtiendo en la universidad emprendedora e impulsando la investigación y la docencia de calidad. Midiendo lo que hacemos, corrigiendo errores y continuamente aprendiendo.