Después de una década de inmersión en el ecosistema de startups, me sigue resultando curioso que no exista una definición comúnmente aceptada sobre lo que es (y lo que no es) una startup. En el fondo, tampoco es raro porque una startup es una empresa singular y cuando uno observa una singularidad, hay siempre múltiples puntos de vista e interpretaciones.

Si atendemos al modelo de negocio y al gran maestro Steve Blank, una startup es una organización temporal diseñada para buscar un modelo de negocio que sea repetible y escalable. A esta definición de partida se le pueden añadir algunos ingredientes adicionales como la velocidad de crecimiento, la incertidumbre, la experimentación y, por supuesto, la innovación.

Sin lugar a dudas, uno de los cimientos clave para una startup es la innovación; es decir, la explotación con éxito de nuevas ideas o de nuevo conocimiento asumiendo incertidumbre y riesgo para conseguir ventajas competitivas superiores.

Esta definición de innovación, basada en las directrices del Department of Trade and Industry del Reino Unido, pone sobre la mesa algunos factores que son clave: nuevas ideas, riesgo y ventajas competitivas. Porque efectivamente, la puesta en marcha de un nuevo negocio implica riesgos, pero si damos en el clavo, este alto riesgo se puede convertir en una alta rentabilidad y en un negocio de éxito.

No todas las innovaciones son iguales e implican los mismos riesgos. Hay una innovación «roja» (basada en la mejora continua), una innovación «dorada» (de retornos rápidos y elevados pero de baja complejidad), una innovación «blanca» (la que viene de la I+D) y la más importante de todas, una innovación «azul», que es la que genera crecimiento, riqueza y empleo de calidad.

La innovación azul es la clave y el color no es casual, ya que se basa en la Estrategia de los Océanos Azules de los profesores W. Chan Kim y Renée Mauborgne de la Escuela de Negocios INSEAD. La innovación azul es la que nos permite llevar al mercado nuevas tecnologías, productos y servicios sin que hubiese una demanda previa de los mismos. Crean así «océanos azules» sin competidores, capaces de crear nuevas necesidades, nuevos usuarios y nuevos clientes y que permiten generar ventajas competitivas sostenibles.

¿Y por qué es esto tan importante? La innovación azul es la clave de la disrupción: llega sin avisar, aporta nuevas capacidades y tecnologías o nuevos modelos de negocio, reconfigura y redefine el mercado, crea océanos azules y genera «olas de destrucción creativa» (parafraseando al economista y profesor de Harvard Joseph Schumpeter), capitaneadas por nuevas empresas que impactan, como un torpedo, en las empresas que operaban en dicho mercado y las sacan de este.

Esta es la clave de la disrupción y esto es lo que hace tan especial a una startup: su capacidad para cambiar las reglas del juego en un mercado y transformarlo por completo. ¿Alguien recuerda a Blockbuster o Kodak? Ambas empresas fueron barridas por una «ola de destrucción creativa» que las sacó del mercado. En el caso de Blockbuster, fue una startup de nombre Netflix la que cambiaría por completo la distribución audiovisual a nivel global y, en el caso de Kodak, la fotografía digital.

José Ruiz Navarro, Director del Observatorio GEM de Andalucía, hablaba en esta misma revista de la necesidad de un «gran reinicio» y de una apuesta por la renovación y dinamización del tejido empresarial de Andalucía gracias a las startups. La verdad es que no puedo estar más de acuerdo con esta reflexión; si algo nos ha demostrado la COVID-19 es que la tecnología es una de las palancas clave de la economía. Es el momento de innovar y desarrollar tecnología capaz de abrirnos nuevos océanos azules desde los que competir desde Andalucía.

Las startups son ágiles, son capaces de desarrollar productos y servicios innovadores bajo condiciones de incertidumbre, conocen la tecnología de vanguardia y pueden crear tecnología nueva y aplicarla donde hasta ahora nadie lo ha hecho... Eso es la disrupción, y aunque a alguien le pueda sonar lejano, no hay ningún sector que se escape de la disrupción y la innovación.

Por tanto, para que un tejido empresarial sea fuerte, pueda mantener sus ventajas competitivas o incluso desarrollar nuevos espacios para competir (océanos azules), tiene que abrazar la disrupción y la innovación dentro de su posicionamiento estratégico.

Obviamente, la colaboración con las startups es una buena manera de hacerlo.

Si alguien cree que exagero, las startups lideran una revolución tecnológica que muchas empresas están abrazando (a través de adquisiciones, inversiones o procesos de innovación abierta) para encarar su futuro desde una posición de ventaja. Sectores como la banca, la ciberseguridad, la agricultura, la logística, la salud o la educación están cambiando por completo gracias, precisamente, a la innovación que aportan muchas startups. Muchas de ellas andaluzas.

En un mundo que se mueve a velocidades exponenciales y en el que todo cambia a ritmos de vértigo, la competitividad de las empresas va estar muy ligada a su capacidad de innovar. No cabe duda de que una buena forma de correr rápido y seguir el ritmo es imbuirse de la velocidad de una gacela… perdón, de una startup.

Esta gacela tan singular, seguramente, haya descubierto una nueva senda que no está en el mapa pero que nos conduce a un océano azul que está esperando a ser explorado.